Otra vez, los especuladores del mercado electoral, tratan de responder la interrogante acerca de la participación juvenil en las elecciones. Y, nuevamente, lo hacen desde una perspectiva utilitaria a sus fines electorales, relacionada con el cálculo mezquino, con la imperiosa necesidad de revestir de legitimidad, la cada vez menos democrática elección de autoridades.
Desde una perspectiva más integral, lo primero que cabe cuestionarse, ante este tema tan recurrente en época electoral y olvidado a las semanas de la elección, es por qué nos interesa la participación juvenil.
Nos preocupa que el padrón esté envejeciendo, pero si miramos el curso de las instituciones jurídicas y políticas que regulan al país – desde una perspectiva complaciente- no ha influido mayormente en la estabilidad y gobernabilidad de Chile. La pregunta se repite: ¿Por qué queremos que los jóvenes voten?
La búsqueda de la respuesta, nos lleva a cuestionar el rol del voto en la vida pública, en la vida ciudadana de los y las jóvenes de Chile, país que registra el más bajo nivel de participación juvenil en el mundo.
¿Es atribuible a la condición de “joven” el no inscribirse, el no votar? ¿Significa que cuando se pierda esa cualidad etaria, sí habrá deseo, intensión y entusiasmo por hacerlo? ¿O terminaremos hablando de los jóvenes menores de 70 años no inscritos?
Quizá la verdadera pregunta a responder es: ¿para qué votar?, ¿por qué votar? y no ¿por qué no votamos?
Es cierto, la forma clásica de entender la ciudadanía y la relación de ciudadanos y ciudadanas con su Gobierno ha sido mediante el sufragio para la elección de autoridades representativas. Concedamos el punto. No ahondemos y establezcamos que eso es democracia: votar para elegir autoridades cada cierto tiempo.
Nos preguntamos entonces, ¿cuánta es la probabilidad de que la autoridad electa sea representativa, si tenemos un sistema electoral excluyente, no sólo de tendencias políticas, sino que también sociales y culturales?
¿Cuán representativa resulta ser una elección en que se termina votando para evitar que salga el candidato que no quiero?
¿Qué importancia tiene votar si la elección ya fue determinada por las cúpulas de los partidos al designar en procesos poco democráticos a los candidatos privilegiados?
¿No será entonces, hora de asumir que tenemos un sistema institucional construido y sostenido a base de exclusiones? Partiendo desde el sistema educacional, en que la educación cívica ha sido eliminada del currículum obligatorio de la enseñanza media, tenemos un sistema orientado a que los jóvenes no voten y que no se interesen por los temas de sociedad.
Como siempre, llegamos a la inexorable conclusión que con el estado actual de las cosas no es posible generar cambios. ¿Queremos que los jóvenes participen? Pues que esta vez sea en serio. Para ello, es fundamental que los y las jóvenes tengan una participación activa y prioritaria en la definición de la nueva institucionalidad que Chile requiere para el futuro, a través de una Asamblea Constituyente.
A ese espacio de lucha convocamos.

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