El 5 de octubre del ’88 Chile dijo No. Democráticamente se negó la continuidad en el poder al Dictador. Pero también dijimos no a las injusticias, las arbitrariedades, a las desigualdades y abusos. El voto NO significaba el rechazo a un régimen, pero también a un sistema político y económico generador de desigualdades en todos los ámbitos.
Ya han pasado veintiún años de ese 5 de octubre; ¿qué tenemos?
Nos han querido hacer creer que el Chile de hoy es mucho mejor que ese Chile. Nos quieren convencer de que la obra de la Concertación ha sido fundamental para el desarrollo del país.
La verdad es otra. Chile sigue siendo un país injusto. Tenemos una de las peores tasas de distribución de ingreso del mundo. Los bienes básicos se encuentran sometidos a las reglas del mercado, y el Estado no puede intervenir para evitar las injusticias en forma general, sino que debe actuar de forma subsidiaria y focalizada.
Chile sigue teniendo un sistema político excluyente. Heredado de la dictadura, el sistema político se ha mantenido incólume en sus cimientos. Exclusión política producto del binominal, pero también exclusión social, cuando la educación de calidad es para los ricos; exclusión de género, cuando permitimos diferencias de sueldos entre hombres y mujeres que ocupan el mismo cargo; Exclusión sexual, al discriminar a homosexuales, lesbianas y transexuales; exclusión cultural, al criminalizar al pueblo mapuche y desconocer institucionalmente la multinacionalidad que habita Chile.
Necesitamos un país más justo, libre e igualitario, basado en los principios democráticos y de equidad social que deben fundar a toda sociedad moderna.
Por eso, es que a veintiún años del NO, llamamos a decir que sí.
Sí, a una cuarta urna en las elecciones de diciembre, que consulte al pueblo si desea o no un cambio a la Constitución de la dictadura.
Sí, a una Asamblea Constituyente, integrada por miembros elegidos democráticamente a través del voto por los ciudadanos y ciudadanas, que representen los interés de todos y todas, de excluidos e incluidos, de hombres, mujeres, niñas, niños y adolescentes, de los pueblos originarios y los mestizos, de los ricos y los pobres.
Sí, a una Nueva Constitución Política, moderna, que termine con las instituciones generadoras de desigualdades en nuestro país. Una carta fundamental que permita al Estado actuar activamente en la economía, para generar empleo, para evitar las desigualdades que el mercado ha demostrado ser incapaz de evitar.
Porque a veintiún años del No, las cosas no están tan bien como nos prometieron, es momento de decirle Sí a un cambio estructural. ¿Queremos un Cambio? Entonces, Cuarta Urna Sí!

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