Escriben: Claudia Pascual y Salvador Muñoz
¿Por qué hablar de pasado en una campaña presidencial donde la gente sólo quiere escuchar cómo le resolverán sus problemas cotidianos? ¿Qué racionalidad pudiera existir tras esto cuando las campañas se ganan con votos y hoy los votos se tasan como en un mercado donde cada cual se ofrece al mejor postor?